Misioneros por naturaleza

Corría el año de 1966, cuando Édgar Godoy le compartió el evangelio del Señor Jesucristo al joven Carlos Urrego, mientras los dos hacían parte de la Fuerza Naval; su barco se encontraba en el país de Chile.  Pero sería un año después, en 1967, cuando Carlos Urrego pidió perdón a Nuestro Dios y entregó su vida a Cristo después de haber visto un milagro en el mar. 

Se encontraba en medio del Océano Pacífico, en un barco con 35 mil toneladas de trigo, cuando un ciclón que levantaba olas de 35 metros les obligó a desviar su rumbo y hacer tres virajes para enfrentar las olas por la popa, y no terminar como un buque petrolero de bandera australiana  que, 10 millas antes, había naufragado. 

- “Si en verdad existes, sálvanos”, fue la oración de Hno. Carlos Urrego. Y pudo experimentar el milagro y el poder del mismo Creador del mar, pues éste se calmó. Este hecho portentoso fue suficiente para evidenciar el poder de Dios y para que el Hno. Carlos entrega su vida a Cristo. 

Ese mismo año fue bautizado por el Hno. Rocha en la Iglesia Central de Cartagena, y en el Retiro Parcelas fue sellado con el Espíritu Santo. 

Mientras tanto, Cecilia Escudero, una adolescente sin la mayoría de edad,  fue enviada por su madre desde Ecuador hasta Colombia con el pastor Victoriano Berdugo y su familia, para que se preparara y estudiara la Palabra del Señor. En la maleta la acompañaban 2 libros: Corazón de Misionero y Escuela de Obediencia.

Estuvo radicada en Ciénaga, Magdalena, ayudando en todo a la familia pastoral durante 9 meses. Cuando los pastores fueron trasladados a Cartagena, ella viajó con ellos, y es en la ciudad amurallada donde conoció al Hno. Carlos Urrego. Luego de una declaración de noviazgo, negada por parte de ella, el Hno. Carlos insistió y comenzó toda una conquista con la aprobación de la mamá de ella. Este noviazgo terminó con una celebración de matrimonio el 18 de enero de 1972.

Por motivos de trabajo, la familia se trasladó de Cartagena a Bogotá y  asistieron a la iglesia del barrio Kennedy por 5 años. Allí recibieron el llamado al ministerio. Su primera iglesia administrada fue la de Trinidad, en la ciudad de Medellín, entre los años 77 y 79. 

Estando en Medellín, los hermanos Urrego Escudero fueron enviados como misioneros al país del Ecuador, donde estuvieron trabajando por las almas durante 6 años. Su labor misionera ya había comenzado. Su ministerio evangelístico había iniciado. 

En 1985 fueron enviados hacia Argentina como misioneros, con el fin de abrir la obra en ese país. 

En un parque de Buenos Aires, sin conocer a nadie, el Señor Jesucristo comenzó a abrirles puertas con el cónsul de Colombia en Argentina, así como con un  anciano argentino referenciado desde Colombia  por una hermana.  Por la gracia del Señor Jesucristo, Él usó en gran manera al anciano a favor de los misioneros de la obra en Argentina, siendo trinitario, pero la gracia del Señor estaba de continuo con ellos.  

Durante su ministerio en Argentina se abrieron 9 obras: Aldo Bonzi, Haedo, General Pacheco, Merlo, San Martín, Villa Soldati, en Bahía Blanca tuvieron 2 obras: Villa Rosario y Hardinguer, Mendoza, Viedma.

El Hno. Carlos Urrego también aportó en la obra de Paraguay y se dio a conocer también en Chile.  Fue el misionero que inició la Iglesia Pentecostal en Argentina y la pastoreó durante 11 años.

En 1996 regresó a Colombia como pastor de la iglesia del barrio Kennedy, y abrió, por la gracia de Dios, varias obras en los barrios: Class Roma, El Socorro, Britalia, Carvajal, José Antonio GaIán, Pío XII y Amparo Cañizáles; su talante misionero aún no terminaba. Administró esta iglesia hasta el año 2003. 

En marzo de 2003 llegó a la Iglesia Central de Bogotá, y abrió durante su periodo cuatro lugares de predicación (Santa Fe, El Paraíso, Ricaurte y la Perseverancia); también se institucionalizó el Culto de ancianos, llamados después de varios años Columnas y Baluartes.

Fue importante la labor como ministros de Dios, quien los usó  grandemente en el ministerio de sanidad, liberación y consejería.

Lo que inició en el Océano Pacífico con una evidencia del poder de Dios, permitió que el Hno. Carlos dedicara toda su vida al servicio de Dios y las almas. Él, su esposa y sus hijos, se han convertido, con el paso de los años, en un ejemplo de trabajo con tesón, por amor a Dios y a los perdidos. 

Redacción: ipuccentralbogota.org